domingo, 21 de diciembre de 2014

Miedo.

Te tengo dentro y no sales.
No sé si dueles o alivias,
no sé si calmas la lluvia o haces temblar el suelo.
No lo sé, y tengo miedo.
Estás en mi espina dorsal, haciendo escalofríos bailar por mi piel.
Estas en mis manos, haciendo que te escriba en papel.
Estas en los llantos, de desesperación por no saber que hacer. 
Estas en el verso que alguna vez creé.
Te diría que te marcharas, pero sé que me dejarías hueca.
Te rogaría que te quedaras, pero entonces tendría la necesidad de tenerte más cerca. 
Tu has querido esto, 
tu has vuelto a bailar con el viento,
has vuelto a correr 
y a gritar que me has echado de menos.
Y con esos movimientos te has clavado más adentro.
No sé porque te dejé entrar, si solo has derrumbado más el cielo. 
Creí encontrar la felicidad y solo he encontrado tu consuelo.
Consuelo de saber que sigues estando a pesar de haberte tentado. 
Consuelo de no haberte perdido incluso con todo lo que he callado. 
Lo siento, ya no aguanto. 
Solo te pido que dejes de hacerme pensar, 
de hacerme reír, 
de hacerme gritar, 
y de hacerme sentir. 
Porqué no paro de caer, 
y tu no paras de clavarte. 
Y tengo miedo de romperme, 
y tengo miedo de amarte.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Blanco.

El eco de las sirenas suena en la lejanía, 
solo pienso en tu mirada
en la mía,
cuando el humo sale de tus pulmones.
Puedo echarme a temblar, 
cada vez que erizas mi piel 
con la mano
que no me puede quemar. 
Me pongo a sonreír, 
con el olor a café,
me recuerda a ti, 
es todo lo que sé. 
Me llevas al centro, 
y me cuentas cuentos 
de cuerpos y viento, 
de soledad y miedo.
Y me dices que hay uno especial, 
susurras 
'te lo puedo relatar, 
si no te echas a llorar.'
Y me hablas 
de una mujer de blanco, 
que huele a tabaco 
y te salva en tus sueños.
Que tiene 
mi pelo, 
mis ojos,
mi cuerpo. 
Y ahora te cuento,
yo también lo sueño, 
un hombre de blanco, 
que baila despacio
una canción
que nunca alcanzo. 
Me tiende la mano, 
y cuenta hasta diez 
me promete,
que no me dejará caer. 
Bailamos un tango, 
bien agarrados, 
en el tejado de la ciudad, 
cuando el día va a acabar. 
Y mientras caminamos, 
me hablas del cielo, 
del suelo, 
de instrumentos 
y de miedos.
Con cada palabra, 
mi corazón se marcha, 
al lugar que hemos creado 
con versos y cantar. 
Y una noche más 
me dejas en el metro, 
con un beso
y un susurro 
de un simple 
'te quiero.'
Te aparto el pelo, 
te hago prometer 
que te veré en mi sueño 
hasta que la ciudad
vuelva a ponerse a tus pies.
Me respondes en francés, 
sonrío otra vez.
Me dejas marchar, 
no dejo de mirar atrás, 
buscando la mirada
del hombre de blanco, 
que no me dejó caer. 
El eco de las sirenas suena en la lejanía, 
y me siento en el último vagón, 
pensando una vez más, 
en esa canción.
Pensando en cuándo me volveré 
a vestir de blanco. 
Pensando en cuándo 
te veré bailar.

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