viernes, 9 de mayo de 2014

Sín título.

Querido amigo:
        Te escribo, básicamente porque creo que hace tiempo que no sabes de mí. Y te recomiendo que te sientes o algo así porque esto va para largo.
        Te echo de menos, echo de menos mi casa y a todo lo que deje ahí. Echo de menos el sonido de las zapatillas de andar por casa de mi padre por el pasillo o el sonido de la cucharilla cuando remueves el café. También echo de menos el olor de sofrito de verduras con tomate que preparaba mi madre, o el constante sonido de la música de mi hermana. Supongo que todo eso lo deje atrás por mí, como hacen todas las personas que desean salir de todo a lo que ya están acostumbrados.
        Aquí hace frío, mucho. Me gusta porque llueve, y cómo ya sabes adoro dar paseos bajo la lluvia. Con el frío puedo llevar uno de esos gruesos jerséis de lana que tengo, con un chocolate y un buen libro y pasarme horas así. Para mí eso es hacer algo productivo, para otras personas es tirar la tarde por la ventana.
        Cuando aquí hace buen tiempo, salgo a dar largas vueltas por ahí. Cada vez descubro algo nuevo, creo. Mi antiguo profesor decía que mi mente funciona como una cámara, enfoco lo que me interesa y el resto lo dejo borroso, monótono, triste. En su momento no entendí por qué dijo eso, la cabeza humana funciona así. Pero con el tiempo me di cuenta de que era algo más importante, me fijo en las pequeñas cosas. Una grieta en un tejado, o las primeras flores rosáceas de un cerezo. Las piñas que hay en un pino que, todas juntas, parece que te quieren decir algo en morse. Cosas que otra mente dejaría pasar y simplemente se fijaría en el tejado, en el cerezo o en el pino. No sé, quizá tuviera razón.
        Supongo que todo esto son cosas que se piensan para darle un poco de sentido a la vida. Sinceramente, yo necesito darle sentido a la mía. Describámosla cómo la canción qué suena de fondo en una cafetería mientras tú estás bebiendo café, que simplemente es un rumor y unas simples notas, no lo suficientemente altas para ser audibles. O la conversación incómoda en un ascensor, de la que se habla del tiempo, de la juventud o simplemente, el silencio. Pero, también, supongo que una vida vacía consiste en ir llenándola poco a poco, y eso es lo que te hace persona. Llenar la vida es un método complicado. Llenarte de vida, al contrario, es simple.
        Me gusta pensar en la vida como momentos puntuales que te hacen feliz. Recuerdos que de vez en cuando sacas y te provocan nostalgia y alegría. Y hablo del vez en cuando porqué no creo que se pueda vivir constantemente en el pasado. El pasado, pasado es. Eso es lo que dicen, y estoy de acuerdo. Si piensas que es difícil vivir el presente, te equivocas. Si estás disfrutando de un trayecto de autobús, mirando por la ventana con tu canción favorita sonando en tus oídos, y estás contento. Si eres consciente de lo que disfrutas de cosas como esas, si piensas en lo feliz que te hace, en ese mismo instante, estás viviendo el presente.
        Quiero que sepas que a mí me va bien aquí. Aunque es todo muy diferente a cómo estaba en casa. Supongo que es lo que tiene madurar. Y sé que te he dado muchos consejos en la vida, pero créeme que este es el más eficiente de todos. Nunca, y subrayo el nunca, tengas prisa por madurar, por crecer, por vivir. Ni yo he terminado de madurar. Nadie termina de madurar nunca. Siempre se encuentran cosas nuevas que vivir, nuevas experiencias. Siempre vas a aprender algo, o a descubrir algún que otro detalle olvidado. Eso es vivir, también.
        Intento darte una explicación sobre lo que pienso que es la vida, pero no se para qué te escribo cuando eres tú quién tiene que sacar su propia percepción de ella. Una vez leí una cita, no me acuerdo de quién, pero creo que ha sido mi lema durante el resto de mis días. “Somos quienes somos por un montón de razones. Quizás nunca conozcamos la mayoría de ellas. Pero, aunque no tengamos el poder de elegir de dónde venimos, todavía podemos elegir a dónde vamos desde ahí. Todavía podemos hacer cosas. Y podemos intentar sentirnos bien con ellas.”
        Espero que te inspire tanto cómo a mí.
        Creo que va siendo hora de que acabe de explicarte lo que es la vida para que empieces a vivir el presente y para que la descubras tú.
        Voy a finalizar esta carta con un adiós bastante sincero: Quiero que encuentres citas inspiradoras que te ayuden a ser quien eres, y canciones con letras con las que te sientas identificado. Quiero que te inspires con cada flor que veas y que escribas muchos poemas. Quiero que te llenes de vida. Eso quiero. En definitiva, quiero que seas feliz.
        Dicho esto, me despido con un “nos vemos muy pronto” también sincero.
        Y cómo, sencillamente, no sé cómo terminar esta carta, simplemente que espero que te cuides y que tomes consejo de mucha gente que tiene muchos consejos que dar.

        Te quiero mucho.

Datos personales

Mi foto

Básicamente escribo lo que pienso cuando no duermo.