domingo, 21 de diciembre de 2014

Miedo.

Te tengo dentro y no sales.
No sé si dueles o alivias,
no sé si calmas la lluvia o haces temblar el suelo.
No lo sé, y tengo miedo.
Estás en mi espina dorsal, haciendo escalofríos bailar por mi piel.
Estas en mis manos, haciendo que te escriba en papel.
Estas en los llantos, de desesperación por no saber que hacer. 
Estas en el verso que alguna vez creé.
Te diría que te marcharas, pero sé que me dejarías hueca.
Te rogaría que te quedaras, pero entonces tendría la necesidad de tenerte más cerca. 
Tu has querido esto, 
tu has vuelto a bailar con el viento,
has vuelto a correr 
y a gritar que me has echado de menos.
Y con esos movimientos te has clavado más adentro.
No sé porque te dejé entrar, si solo has derrumbado más el cielo. 
Creí encontrar la felicidad y solo he encontrado tu consuelo.
Consuelo de saber que sigues estando a pesar de haberte tentado. 
Consuelo de no haberte perdido incluso con todo lo que he callado. 
Lo siento, ya no aguanto. 
Solo te pido que dejes de hacerme pensar, 
de hacerme reír, 
de hacerme gritar, 
y de hacerme sentir. 
Porqué no paro de caer, 
y tu no paras de clavarte. 
Y tengo miedo de romperme, 
y tengo miedo de amarte.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Blanco.

El eco de las sirenas suena en la lejanía, 
solo pienso en tu mirada
en la mía,
cuando el humo sale de tus pulmones.
Puedo echarme a temblar, 
cada vez que erizas mi piel 
con la mano
que no me puede quemar. 
Me pongo a sonreír, 
con el olor a café,
me recuerda a ti, 
es todo lo que sé. 
Me llevas al centro, 
y me cuentas cuentos 
de cuerpos y viento, 
de soledad y miedo.
Y me dices que hay uno especial, 
susurras 
'te lo puedo relatar, 
si no te echas a llorar.'
Y me hablas 
de una mujer de blanco, 
que huele a tabaco 
y te salva en tus sueños.
Que tiene 
mi pelo, 
mis ojos,
mi cuerpo. 
Y ahora te cuento,
yo también lo sueño, 
un hombre de blanco, 
que baila despacio
una canción
que nunca alcanzo. 
Me tiende la mano, 
y cuenta hasta diez 
me promete,
que no me dejará caer. 
Bailamos un tango, 
bien agarrados, 
en el tejado de la ciudad, 
cuando el día va a acabar. 
Y mientras caminamos, 
me hablas del cielo, 
del suelo, 
de instrumentos 
y de miedos.
Con cada palabra, 
mi corazón se marcha, 
al lugar que hemos creado 
con versos y cantar. 
Y una noche más 
me dejas en el metro, 
con un beso
y un susurro 
de un simple 
'te quiero.'
Te aparto el pelo, 
te hago prometer 
que te veré en mi sueño 
hasta que la ciudad
vuelva a ponerse a tus pies.
Me respondes en francés, 
sonrío otra vez.
Me dejas marchar, 
no dejo de mirar atrás, 
buscando la mirada
del hombre de blanco, 
que no me dejó caer. 
El eco de las sirenas suena en la lejanía, 
y me siento en el último vagón, 
pensando una vez más, 
en esa canción.
Pensando en cuándo me volveré 
a vestir de blanco. 
Pensando en cuándo 
te veré bailar.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Verdad.

Pensé que estaba perdida, quizá lo esté. Hace bastante que no me pongo a pensar en dónde estoy, aunque tampoco lo veo necesario. Estoy en el limbo entre la vida y la muerte, entre decidir si cometer errores o acabar cometiéndolos con el tiempo. No es corriente (eso dicen), no me afecta lo que dicen, digo, piensan o pienso. Me afectan mucho más las palabras que leo, los acordes que cada mañana siento subida a un autobús, las conversaciones que escucho, lo que la gente cree saber de mi, aunque para ellos, el "yo"que conocen no es más que otra versión paralela de mi. Y mi mente está preparada para saber como actuar en cada situación y con cada persona. Efectivamente, afirmo que estoy perdida, he perdido lo que realmente era entre tantas personalidades. Aunque se que algo aún queda, aunque ya no me llene nada. Quizá la llegada de la primavera, acompañada de las esperanzas de empezar de cero. Puede, que también, noches de quedarse mirando a la Luna y simplemente saber que eres una versión pequeña de algo aún mas pequeño. No sé qué hago aquí, siempre he tenido claro que quizá he venido a marcar huella, a dejar mi granito de arena. Soy un desastre, sí. Así que si me preguntáis como voy a hacerlo, no lo sé, pero el mundo es demasiado injusto cómo para no querer nadar a contracorriente.
Siempre he querido ser algo así, "diferente", "especial", ¡no me importa cómo quieras llamarlo! Me he dado cuenta de que por querer serlo, la yo que solía ser "diferente" o "especial" se ha disuelto y ahora no es más que polvo. Una máquina que sigue una rutina por no soñar despierta. Y me llaman atontada por mirar a un punto fijo, cuando lo que no saben es que en realidad estoy pensando como ser feliz siendo yo misma, porqué seamos sinceros, ninguno de nosotros ha alcanzado quién quería ser siendo transparente. Me he quedado atrapada en un mundo que consiste en una habitación blanca impregnada en letras y en la que se alternan Because de The Beatles y el silbido de la escena del hospital de Kill Bill. Más de uno acabaría optando por colgarse del techo, sin embargo he acabado cogiéndole cariño a este constante estado de agobio, sin el que probablemente no sentiría nada. En definitiva, soy más fría que el corazón de Walt Disney. Aunque el hielo quema.
Podría echarme a temblar pensando lo que me viene encima en los próximos años, pero prefiero ir viendo lo que esta vida tiene preparado para mi. No me puede ir mal del todo.
Perdonadme, siento la honestidad. Tenía que quitarme esta espina.

martes, 28 de octubre de 2014

Mujer.

La vida no es un regalo, la publicidad engaña. Me dieron un folleto explicativo en el que decía cómo tenía que sentarme y atender a unas normas qué solo me daban más dolor de cabeza. Como debía asentir y sonreír y pretender que me sentía cómoda en este entorno. Como no se puede fumar en sitios cerrados, ni correr en los pasillos, ni enseñar demasiada piel. Como mis labios no pueden ir pintados, sin ser acusada. Como hasta mi propio género me asusta, como nos autodenigramos. Como las niñas nacen con miedo a ser si mismas, porqué siempre tenemos un dedo acusador encima de nosotras. Como alguien está constantemente empujándome por la espalda, diciéndome lo que debo hacer, llevar, decir, pensar... No sé.
No nací mujer para tener miedo a bajar a la calle como realmente me gusta. No nací con este cuerpo para tener que esconderlo bajo lo que la gente llama "belleza". No nací con esta mente para tener que cerrarme a una ideología, ya a esta temprana edad. En el colegio no enseñan lo qué es que cada uno pueda ser si mismo sin debatir, en el colegio no enseñan a ser feliz.
Puedes disculparme, pero mi estabilidad mental está por encima qué una simple calificación.
Y ahora siento, que me estoy volviendo loca. Por ser mujer, por estar controlada por hombres o mujeres, controladas por hombres a su vez. Por qué mis compañeros de clase creen conocerme pero sólo conocen una simple estrella del universo qué hay en mi cabeza, qué probablemente nunca salga del todo a la luz, porqué siempre está esa parte oprimida, que llora a diario, porqué viste de luto, debido a la poca decencia de alguna gente.
Mi mente esta embotada, y me siento mareada, porqué cada día debo cumplir las ordenes que cumplen los hombres, más las que son específicas para mi género.
Y el cansancio se está apoderando de mi, de querer responder a cuestiones que no me debería ni plantear (según algunos).
Puede que hoy me pregunten por mi vestimenta y la vean inapropiada, pero no creo que sea necesario añadir que llevo lo que me hace feliz y me hace sentir a gusto conmigo misma (al fin y al cabo, la única persona que lleva aquí desde el principio, y estará aquí hasta al final, soy yo misma, así qué ¿por qué no quererme?). Desgraciadamente, no todo el mundo tiene esta mentalidad, y es porqué así se les ha impartido. Sobre eso mismo vengo a quejarme.
Me indigna, sí. Porqué cada vez más personas quieren gritar y no pueden. Cada vez hay menos libertad de movimientos, y cada vez ser "chica" es más ofensivo.
Y cada vez las mujeres somos más misteriosas, porqué nadie puede conocernos realmente.
Estamos asustadas, así que usted decide que hace con nosotras, pero tenga en cuenta qué no vamos a dejar de luchar.
Un saludo, estimada humanidad:
Una mujer (hoy, ayer y siempre).

domingo, 26 de octubre de 2014

Lienzos.

Me gusta pensar en la gente como un lienzo
blanco, liso, nuevo,
que vamos pintando.

Cuando alguien nace,
un lienzo nuevo aparece
en una de las mil salas del museo que es la vida.

Algunos son  verdaderas obras de arte
y otros asustan más,
que las pinturas negras de Goya.

Así que tú decides cómo te pintas,
rodeado del más bonito paisaje,
o con Saturno, devorando a sus hijos.

Con un bonito rostro,
o tan abstracto como El Guernica.

Y créeme,
que hasta el récord Guinness  de longevidad,
solo tiene pintado hasta el torso,
porque queda pintado todo lo aprendido una vez vivido.

Y sé 
que esa regla de tres,
me hace tener pintando simplemente la forma de la cara.
Pero me alegra poder decir que aún puedo pintar.

Y ya, 
cuando todo lo que alcanza la vista  es negro,
puedes dar la última pincelada.
Y ese lienzo, es colgado,
en la sala que tu decidas,
porqué para eso 
te has manchado las manos durante toda la vida.

lunes, 13 de octubre de 2014

Porqué.

Te escribo hoy, para que vivas para siempre.
Porqué este silencio ensordecedor, es la definición de "inmortalidad."
Porqué este caos, algún día será un puzzle de dos mil piezas.
Porqué tengo dolor de estómago de tanto reír, y las mejillas coloradas.
Porqué mis ojos ya no dicen adiós, si no que dan la bienvenida.
Porqué disfruto con las bandas sonoras que constantemente rondan mi cabeza,
que ahora son canciones que me recuerdan lo genial que es la primavera.
Porqué me gustan los ojos que brillan y que tienen algo que decir.
Porqué estoy viva, al menos hasta lo que sé, lo estoy.
Porqué lo esencial es invisible a los ojos, y eso solo me hace querer buscarlo.
Porqué no sé nada pudiendo saberlo todo.
Porqué se me ha olvidado donde estoy y tengo que aprender a aprender.
Porqué es afortunado en el amor, aquel que se ama.
Porqué la curiosidad mató al gato, pero yo sigo aquí.
Porqué una simple palabra no puede definir un alma entera.
Porqué nunca se sabe si el amor está a la vuelta de la esquina, o hay que recorrerse toda una calle para encontrarlo.
Porqué la vida no es tiempo, si no certeza.
Porqué.
No sé, te escribo porqué quiero vivir para siempre.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Anatomía.

Tu cuerpo me recordaba
al cielo de Enero,
constelaciones de lunares,
que hablaban en morse.
Y tus hoyuelos sonreían,
cuando tu sonreías también.
Tus ojos avellana,
preocupados,
me miraban.
Tus labios, 
rosa pálido,
anhelaban calidez,
que con el tacto de mi fría piel
hacía a mi vello erizar.
Y fruncías tu ceño,
al oírme suspirar,
como si supieras 
lo que me rondaba la cabeza,
y quizá
te hiciste una idea.
Y te gustaba,
pellizcar tu piel,
cuando mencionaba 
lo oscuro que estaba el cielo.
Y sin poder decir nada más,
te miraba,
y, sonriendo, asentías,
dejándolo pasar.
Cada una de tus palabras 
indagaba más
en la llaga
que habías conseguido 
establecer
adentro,
en mi interior,
con cada palabra
o mirada.
Y yo,
como una tonta enamorada,
me fijé en tus nudillos
amoratados
que reflejaban la frustración,
de un amor imposible,
que tenía nombre y apellidos,
pero no eran los míos. 

jueves, 4 de septiembre de 2014

Tu invierno.

Ambos vivíamos en un constante invierno; 
lo sé
por la manera en la que me hablabas, 
eligiendo las palabras con delicadeza y con mucha sensatez. 
También lo sé
por como era tu mirada,
gélida e impenetrable, 
como escondía miles de verdades
y como dolía cuando la sostenías.
Lo sé
por como escuchabas, asintiendo,
y como, 
después, 
respondías como un soplo de aire frío. 
Lo sé
en como intentabas ocultar tus manos bajo las mangas de tu jersey negro
y en como te temblaban los labios cuando te preguntaban tu estado. 
Lo sé, 
también, 
en como mirabas hacía el suelo, 
dejando que el vaho 
acompasara tus pensamientos. 
En como
reflexionabas en todo lo que decía,
mirando al cielo y suspirando. 
En como
me agarrabas la mano, 
con mucha fuerza, 
como si tuvieras miedo de que te soltara.
Creeme,
nunca tuve la intención de hacerlo.  
Me dí cuenta
de todo esto
poco antes de que te marcharas. 
De como todo tu interior estaba congelado,
de como te dolía cada pensamiento, 
cada susurro, 
cada movimiento. 
Como ya ni te molestabas
en saludarme.
Simplemente te ponías a mi lado, 
cada mañana, 
y echabamos a andar, 
sin decir ni una palabra. 
Es triste que,
después de tanto tiempo, 
me diera cuenta 
de todo esto,
mirando 
mi 
propio 
reflejo.

lunes, 18 de agosto de 2014

Astros.

Dicen que las tres de la madrugada es la hora de los soñadores.
Cuando solo empiezan a sonar baladas desesperadas y algún que otro suspiro. 
Cuando se baila al son de un vals, con los ojos cerrados, porque quieres evadirte de lo que te rodea y concentrarte en la voz de la melodía. 
Momentos en los que pensamientos fugaces cruzan tu memoria. 
¿qué haces aquí,
de capa caída, 
escuchando notas
que solo empeoran
lo mal que está el mundo? 
Porque sientes que todo se desmorona a tu alrededor.
Y ya has pensado demasiado. 
Y ya no hay nada más a lo que dar vueltas.
Estas vacío. 
La noche te ha absorbido, 
y como un niño tonto has aceptado. 
Guiado por la luz de las farolas,
has continuado andando 
hasta que te has encontrado llorando
en la puerta de un bar. 
¿Qué haces aquí, 
de capa caída,
sollozando a las estrellas?
Allí arriba no te van a escuchar. 
Y, como un cometa, 
la idea de ser una luz más en el intenso cielo llega a tus labios. 
Ya has sido, 
la estrella mas bonita para alguien. 
Ya has iluminado, 
la más oscura noche. 
Ya has escuchado, 
los llantos nocturnos, 
de gente que simplemente,
quiere pensar. 
¿Qué haces aquí,
de capa caída, 
cuando una vez estuviste, 
rozando la Luna? 
Y dijeron, 
que tus labios eran el límite del universo.
Y dijeron, 
que tus ojos eran dos grandes luceros.
Y dijeron, 
que habías arreglado un alma. 
Y te dejaron,
dejando rota la tuya.
Y la madrugada, 
y la oscuridad, 
y las tres, 
y su llanto desesperanzador, 
se burlan de ti, 
de tu ilusión. 
Porque una vez fuiste,
el más bonito astro, 
la luz de la Luna, 
los rayos del sol.
Pero ahora, 
has perdido la alegría, 
la energía, 
las ganas. 
¿Qué hago aquí,
de capa caída,
susurrando al cielo,
lo mucho que lo echo de menos? 

viernes, 27 de junio de 2014

Ceniza.

02:08 de la mañana y ya te tengo en la cabeza, me desespera el hecho de no tenerte cerca. Porqué te echo de menos.
Echo de menos las palabras que nunca has dicho. Echo de menos los abrazos qué nunca he sentido. Echo de menos las charlas que nunca hemos tenido. Echo de menos los ojos qué nunca he visto. Las lágrimas qué nunca han caído y las risas qué no se han soltado. Y la sonrisa qué no he causado. Y me duele admitir, que echo de menos algo que solo he imaginado. Y por mucho qué no sea real, me sigues quitando el aliento cómo nadie más.
Porqué te he rozado con las yemas de los dedos;
y me tenías,
y te tenía,
y me tienes,
y yo ya no.
Porqué he caído por ti, raspándome las rodillas, y de alguna manera, tenía la ilusión de qué te rasparas las rodillas tú por mí.
Y dime ahora, el gran pozo sin fondo de mi pecho ¿a donde irá?
Ahora qué ya está desechado, y los primeros rayos de luz ya están saliendo. Ahora qué la piel empieza a asomar y el aire se calienta, seguiré teniendo frío. Porqué me dejaste sola, tiritando. Y te difuminaste más rápido qué el humo.
Ahora no quedan más qué miradas furtivas y pensamientos nocturnos, huesos de lo que antes era piel. Y las cenizas no volverán a arder, y no volverán a ser llamas que iluminan la oscuridad. Y su tono anaranjando se ha extinguido, y no volverá.
Porqué seamos francos,
tenemos alas,
pero lo qué no tenemos
son ganas de echarnos a volar.

viernes, 30 de mayo de 2014

Madrugada.

No sé que hago aquí, a las 2:36 de la mañana sin poder dormir. Lo único que quiero es plasmar aquí sentimientos de insomnio. El penúltimo cigarrillo de la cajetilla ya está apoyado en el cenicero, intentando no apagarse, y al final pierde la batalla. Mi cabeza, enterrada en mis rodillas, da vueltas. Y está aquí, igual que esta allí. Esta noche me siento perdida. El silencio pesado me retumba en los oídos, así que salgo a la terraza a oír el ruido de Londres, que no parece dormir nunca. La calle está tranquila, no suena gran cosa. Pasos de alguna persona que lleva más de una copa y cantos ingleses que son bastantes insufribles, a decir verdad. De pronto, el frío me produce un escalofrío y entro a por un jersey grande, aquel qué aún sigue impregnado en tu olor. Cojo el último cigarrillo y cierro la puerta de la terraza. En vez de quedarme dentro, me dirijo a mi sitio. Abro la ventana de mi cuarto y escalo las tejas que me separan de la chimenea de mi edificio. El frío de Londres produce vaho al compás de mi respiración y me acomodo como puedo en lo alto de el tejado. El Big Ben marca las 2:45 y me quedo aturdida con cada de golpe de campana. Cuando al fin se termina, me quedo mirando al cielo, lleno de aviones y de nubes negras en el cielo nocturno. Respiro hondo, cojo el cigarrillo y lo enciendo. Me lo coloco en los labios y doy una calada, me calienta el cuerpo. Aún así, mis pies están encogidos en mis calcetines de rodilla negros y mi mano izquierda hace lo posible por no congelarse. La tapo con la manga del jersey y doy otra calada. El vaho ahora es humo que se desplaza hacia la izquierda movido por el viento, al igual que mi pelo. Coloco el cigarro en mis labios y me recojo el pelo, aún así algún mechón me cae por la cara, pero ya no es tan molesto. Inhalo, exhalo. El tabaco me llena los pulmones y las 3:00 dan en Londres. De repente, me siento terriblemente sola. El olor impregnado en tu jersey me recuerda que ya no estás y me duele más que mil cuchillas. Sinceramente, me sorprende que no te lo hubieras llevado, pero ahora estás lejos y me da miedo perderlo por que es lo más cerca que estoy de ti. Maldita sea. Una lágrima deja un recorrido de frío en mi mejilla. Me la seco con el dorso de la mano, pero pronto muchas más empiezan a brotar de mis ojos y nada puedo hacer para evitarlo. Me llevo las mangas a los ojos y intento secarme algunas. No puedo, apago el cigarro contra una teja y entierro mis manos en las mangas. Recuerdos. Eso es lo que pasa. Recuerdo cuando decías como te gusta la lluvia de verano y tus hoyuelos que te salían al sonreír. Y tus ojos avellana mirándome muy cerca cuando hacía frío y juntabas tu frente fría contra la mía y me intentabas dar calor. Recuerdo perderme en tu voz cuando cantabas. O cuando nos sentábamos uno en frente del otro en la mesa de la cocina e intentabas dibujarme y no lo conseguías. "Es que tus ojos son muy grandes" replicabas. Ese recuerdo me hace sonreír, y aún conservo uno de esos dibujos. Te echo mucho de menos. "Por favor, vuelve." Levanto la cabeza, un escalofrío me recorre la espalda de nuevo, así que bajo las tejas poco a poco y vuelvo adentro, entrando por mi ventana. Voy al baño y me miro al espejo. Mi pelo, con un color indescriptible de lo que solía ser rojo, y ahora es un rosa gastado, está recogido en una coleta alta mal hecha. Tengo grandes ojeras bajo los ojos, con aspecto cansado y estoy pálida del frío. Resoplo. Van a ser las 3:30 y aún no tengo sueño así que cojo papel y lápiz y empiezo a dibujar. Aunque pronto empiezo a hacer lo que hago siempre, borrar y rehacer. Tiro la toalla y me tumbó en la cama y me tapo con las gruesas sábanas. Intento dormir, pero se me ha olvidado como. Se me ha olvidado cómo hacerlo sin ti a mi lado. En un intento desesperado de conciliar el sueño, me quedo mirando el techo. Siento una punzada en el pecho. Estoy sola, no oigo nada más que silencio. Estoy triste, no sé donde estás. Estoy vacía, sola y triste. No sé que hacer, son las 4 de la mañana y llevo tu jersey. No me quedan más cigarros en el paquete. No estoy inspirada, ya no tengo nada. "Por favor, vuelve." Mi cama es demasiado grande, esta fría. Sin querer me hecho a llorar de nuevo. "Por favor, sálvame." Pero no estás, ¡claro que no estás! Te has ido. Te has ido y me has dejado muerta de frío. Te has ido y me has dejado en la oscuridad, por que tu eras mi luz. Te has ido y me has dejado sin aliento. Te has ido. "Por favor, vuelve."

viernes, 9 de mayo de 2014

Sín título.

Querido amigo:
        Te escribo, básicamente porque creo que hace tiempo que no sabes de mí. Y te recomiendo que te sientes o algo así porque esto va para largo.
        Te echo de menos, echo de menos mi casa y a todo lo que deje ahí. Echo de menos el sonido de las zapatillas de andar por casa de mi padre por el pasillo o el sonido de la cucharilla cuando remueves el café. También echo de menos el olor de sofrito de verduras con tomate que preparaba mi madre, o el constante sonido de la música de mi hermana. Supongo que todo eso lo deje atrás por mí, como hacen todas las personas que desean salir de todo a lo que ya están acostumbrados.
        Aquí hace frío, mucho. Me gusta porque llueve, y cómo ya sabes adoro dar paseos bajo la lluvia. Con el frío puedo llevar uno de esos gruesos jerséis de lana que tengo, con un chocolate y un buen libro y pasarme horas así. Para mí eso es hacer algo productivo, para otras personas es tirar la tarde por la ventana.
        Cuando aquí hace buen tiempo, salgo a dar largas vueltas por ahí. Cada vez descubro algo nuevo, creo. Mi antiguo profesor decía que mi mente funciona como una cámara, enfoco lo que me interesa y el resto lo dejo borroso, monótono, triste. En su momento no entendí por qué dijo eso, la cabeza humana funciona así. Pero con el tiempo me di cuenta de que era algo más importante, me fijo en las pequeñas cosas. Una grieta en un tejado, o las primeras flores rosáceas de un cerezo. Las piñas que hay en un pino que, todas juntas, parece que te quieren decir algo en morse. Cosas que otra mente dejaría pasar y simplemente se fijaría en el tejado, en el cerezo o en el pino. No sé, quizá tuviera razón.
        Supongo que todo esto son cosas que se piensan para darle un poco de sentido a la vida. Sinceramente, yo necesito darle sentido a la mía. Describámosla cómo la canción qué suena de fondo en una cafetería mientras tú estás bebiendo café, que simplemente es un rumor y unas simples notas, no lo suficientemente altas para ser audibles. O la conversación incómoda en un ascensor, de la que se habla del tiempo, de la juventud o simplemente, el silencio. Pero, también, supongo que una vida vacía consiste en ir llenándola poco a poco, y eso es lo que te hace persona. Llenar la vida es un método complicado. Llenarte de vida, al contrario, es simple.
        Me gusta pensar en la vida como momentos puntuales que te hacen feliz. Recuerdos que de vez en cuando sacas y te provocan nostalgia y alegría. Y hablo del vez en cuando porqué no creo que se pueda vivir constantemente en el pasado. El pasado, pasado es. Eso es lo que dicen, y estoy de acuerdo. Si piensas que es difícil vivir el presente, te equivocas. Si estás disfrutando de un trayecto de autobús, mirando por la ventana con tu canción favorita sonando en tus oídos, y estás contento. Si eres consciente de lo que disfrutas de cosas como esas, si piensas en lo feliz que te hace, en ese mismo instante, estás viviendo el presente.
        Quiero que sepas que a mí me va bien aquí. Aunque es todo muy diferente a cómo estaba en casa. Supongo que es lo que tiene madurar. Y sé que te he dado muchos consejos en la vida, pero créeme que este es el más eficiente de todos. Nunca, y subrayo el nunca, tengas prisa por madurar, por crecer, por vivir. Ni yo he terminado de madurar. Nadie termina de madurar nunca. Siempre se encuentran cosas nuevas que vivir, nuevas experiencias. Siempre vas a aprender algo, o a descubrir algún que otro detalle olvidado. Eso es vivir, también.
        Intento darte una explicación sobre lo que pienso que es la vida, pero no se para qué te escribo cuando eres tú quién tiene que sacar su propia percepción de ella. Una vez leí una cita, no me acuerdo de quién, pero creo que ha sido mi lema durante el resto de mis días. “Somos quienes somos por un montón de razones. Quizás nunca conozcamos la mayoría de ellas. Pero, aunque no tengamos el poder de elegir de dónde venimos, todavía podemos elegir a dónde vamos desde ahí. Todavía podemos hacer cosas. Y podemos intentar sentirnos bien con ellas.”
        Espero que te inspire tanto cómo a mí.
        Creo que va siendo hora de que acabe de explicarte lo que es la vida para que empieces a vivir el presente y para que la descubras tú.
        Voy a finalizar esta carta con un adiós bastante sincero: Quiero que encuentres citas inspiradoras que te ayuden a ser quien eres, y canciones con letras con las que te sientas identificado. Quiero que te inspires con cada flor que veas y que escribas muchos poemas. Quiero que te llenes de vida. Eso quiero. En definitiva, quiero que seas feliz.
        Dicho esto, me despido con un “nos vemos muy pronto” también sincero.
        Y cómo, sencillamente, no sé cómo terminar esta carta, simplemente que espero que te cuides y que tomes consejo de mucha gente que tiene muchos consejos que dar.

        Te quiero mucho.

sábado, 3 de mayo de 2014

Viento.

Hace poco 
oí preguntar 
¿Que es el viento? 
y supongo que no lo sé. 
Ya que el viento no se ve, 
ni se toca, 
ni se respira. 
El viento es el tiempo, 
siempre oportuno, 
pero también el tiempo, 
es una incógnita. 
¿Existe el tiempo? 
Tiempo controlador e insensible. 
Tiempo solitario y triste. 
Tiempo igual que viento. 
La vida es viento, la vida es tiempo 
El viento se nota en la piel,
en las hojas, 
gime, aulla. 
El tiempo es un reloj, 
que suena en la cocina, 
imparable, dicen, pero 
¿y las pilas? 
El tiempo no existe, 
solo existe un reloj. 
Que determina cuanta vida 
te queda. 
Triste, es verdad. 
Pero viento es tiempo 
y tiempo es vida. 

sábado, 22 de marzo de 2014

Poesía del siglo XXI.

Eres cómo esa foto en blanco y negro, de noches de insomnio.
Cómo la marca de carmín rojo en un cigarrillo.
Cómo la puesta de sol de Madrid, o su amanecer.
Atrapas cómo un buen libro.
Tus tramas son películas de Tarantino,
y tu mente tan plagada de vida cómo la de George Mélies.
Te comparo con paseos bajo la lluvia,
o con los primeros rayos de luz de primavera.
Eres el olor dulce de las flores,
eres la mirada de un gato desde un balcón.
Eres el baile al son de tu canción.
La sensación de montaña rusa,
el miedo de la soledad,
la emoción del gol,
la alegría al oír tu nombre en los labios correctos.
Eres sentir felicidad,
eres sentir ira.
Y doy gracias a que existe la poesía,
porque si no,
sería imposible saber quién eres.



Datos personales

Mi foto

Básicamente escribo lo que pienso cuando no duermo.